LUIS ÁNGEL SAAVEDRA - ECUADOR
La base de Manta y la militarización en el Ecuador
En noviembre de 1999 se firmó el convenio que permitió la instalación del Puesto de Operaciones de Avanzada (Forward Operating Location - FOL) de los Estados Unidos, nombre con el que se maquilló a la base militar; éste nunca fue conocido por el Congreso Nacional de la época, tal como lo establecía la Constitución del Ecuador; fue únicamente la Comisión de Asuntos Internacionales, liderada por el derechista Heinz Moeler, la que dio paso a la entrega de la Base Aérea Eloy Alfaro, en la ciudad costera de Manta, para que desde ahí operasen las aeronaves estadounidenses.
En Ecuador se implementaba el neoliberalismo con toda su fuerza, se adoptaba el dólar como moneda nacional y los partidos de derecha tenían copados todas los espacios de poder e instituciones democráticas. Estados Unidos aprovechó estas circunstancias para instalarse en Manta.
La instalación de la base fue vista como una esperanza de crecimiento económico y fue el argumento de la Embajada de Estados Unidos en Ecuador para justificar su presencia, así lo decían en su página web: "El FOL inyecta más de 6.5 millones de dólares anualmente a la economía local de Manta. Esta inversión incluye un componente importante en costos de operación del aeropuerto, como más de 2 millones para la operación del Departamento de Bomberos del FOL de Manta y aproximadamente 200.000 en costos de mantenimiento del aeropuerto", sin embargo, según Miguel Morán, dirigente del Movimiento Tohallí de Manta, lo aseverado por la embajada estadounidense es mentira, ya que los militares estadounidenses no consumieron productos locales y el poco dinero que ingresó fue hacia un reducido círculo social propietario de bares de lujo y otros sitios reservados para ellos.
El imaginario inicial en torno a la base ha cambiado, ahora se la recuerda como una inquilina no muy querida por los pescadores, los pequeños comerciantes y las organizaciones sociales; se mira su presencia en un escenario más regional, donde la implementación del neoliberalismo y el control de los recursos es lo más importante, más allá del supuesto objetivo de la lucha antidroga.
Las críticas a la presencia estadounidense incluyen denuncias, como la relacionada con la desaparición del barco pesquero Jorge IV, el 15 de junio del 2002, precisamente en la época en que los estadounidenses iniciaban sus operaciones contra barcos ecuatorianos que llevaban migrantes o eran sospechosos de transportar droga.
Pese a que el convenio firmado entre Ecuador y Estados Unidos, en su artículo 3, establece que "Las operaciones de interdicción en territorio ecuatoriano son de exclusiva responsabilidad de la República del Ecuador"; los estadounidenses realizaron interdicciones marítimas en aguas territoriales del Ecuador, durante las cuales se hundieron al menos 14 barcos, se produjeron daños a otros 6, se practicaron actos de tortura y represión injustificada a pescadores y migrantes; como el caso del barco Ochossi, cuyo Capitán denunció que: "En el 2005, militares norteamericanos nos abordaron, un avión nos sobrevoló 8 horas, nos arrinconaron en un hueco, nos pusieron armas, nos hicieron tomar fotografías con nombre y apellido como narcotraficantes, al siguiente día recién nos dieron de comer, destruyeron las lanchas, ingresaron material para perforaciones, al no encontrar nada, se fueron. Cuando le preguntamos que quien pagaba los daños, nos entregaron una hoja y nos dijeron que vayamos a la Embajada. Nos dejaron a la deriva y se fueron".
De los testimonios de los capitanes de barco o de sus dueños, se pudo comprobar que nunca recibieron respaldo de ninguna autoridad ecuatoriana para demandar a Estados Unidos por los daños causados y que en la embajada estadounidense ni siquiera los recibieron para negociar una indemnización.
La Embajada de Estados Unidos ha resaltado el éxito de las operaciones antidrogas, asegurando que se capturaron más de 1800 toneladas de cocaína. Sin embargo no han dicho dónde está la evidencia, las personas detenidas y cuántos juicios se han instaurado por estas capturas y se han limitado a afirmar que esa cantidad de droga corresponde a operaciones de las tres FOL instaladas en América Latina y en operativos combinados con 11 países; esto quiere decir que la efectividad de la FOL en la lucha antidrogas es de alrededor de 15 toneladas de cocaína capturadas por año en cada país participante; esta es una efectividad nula, incluso ridícula, si se considera el número de misiones aéreas, el personal destinado y las inversiones realizadas; entonces, si tienen tan poco efectividad en el control de drogas, entonces ¿qué hicieron en los diez años de presencia en Manta?"
Los estadounidenses abandonaron Manta en julio del 2009, cuatro meses antes de que fenezca el convenio firmado en 1999 y que el actual gobierno del Ecuador se negara a renovarlo; sin embargo el proceso de militarización estadounidense no concluyó.
La escuela de selva y contra insurgencia de la fuerza terrestre
En el año 2004 se tuvieron las primeras noticias de la existencia de una "Escuela de Contrainsurgencia" en el Ecuador, ubicada en la ciudad de El Coca, en la Brigada de Selva Nº 19 - Napo. (19-BS).
Un breve comunicado del Departamento de Comunicación Social del Ministerio de Defensa da cuenta de que "34 Subtenientes del ejército ecuatoriano y dos Tenientes de la legión extranjera, finalizaron el trigésimo primer curso de Tigres, y décimo internacional de la especialidad, realizado en la Escuela de Selva y Contrainsurgencia de la Fuerza Terrestre, ubicada en la provincia de Orellana. El evento castrense duró 12 semanas. El objetivo es que los militares se preparen para el cumplimiento de misiones en operaciones de contraguerrillas en ambiente selvático.
Esta información motivó que el Observatorio Internacional de la Paz (OIPAZ), que constituía una coalición de ONGs que investigaban el proceso de militarización de la frontera colombo ecuatoriana, de la que participaba INREDH, iniciara un seguimiento de las actividades de esta escuela de selva, encontrando que ésta ya existía desde al menos el año 2001 y que tenían al menos 3 cursos regulares por año, con el carácter de cursos internacionales. En esta escuela, durante 3 años se entrenaron 500 militares extranjeros, provenientes de Chile, Brasil, Francia, Perú y Panamá. No se hacía mención a los Estados Unidos.
El 2004 se convierte en el año en que la Escuela de Selva empieza a tener asesoramiento estadounidense, en el marco del apoyo militar convenido en el Acuerdo de la Base de Manta, y como un refuerzo a las acciones que se estaban implementando con el Plan Colombia, y es ya la propia embajadora de los Estados Unidos quien habla de esta escuela, en la que ya se planifica entrenar anualmente a unos 3.000 militares, entre ecuatorianos y delegaciones de extranjeras, en un curso especializado de entrenamiento castrense y misiones específicas en la selva. Para el Ministerio de Defensa, "la formación de efectivos militares en esta especialidad es una de las prioridades del Estado ecuatoriano para preservar su soberanía, considerando las incursiones armadas en la frontera norte".
Durante el gobierno de Lucio Gutiérrez se institucionalizó definitivamente la Escuela de Selva como una escuela especializada en contrainsurgencia, con cursos de tres meses y en la que asisten militares latinoamericanos y estadounidenses. Los cursos de tres meses incluyen sistemas de patrullaje en la frontera norte y conocimiento de los sistemas indígenas de movilidad y reconocimiento de terreno, para lo cual se ha reclutado a jóvenes de comunidades indígenas de Sucumbíos y Orellana, en especial de la nacionalidad Shuar, porque se considera que esta nacionalidad fue importante en el conflicto entre Ecuador y Perú en 1995, y se piensa que pueden tener la misma importancia en caso de que la guerra de Colombia se desborde hacia el Ecuador.
Las principales tareas de capacitación son en tiro, lanzamiento de granada, navegación fluvial, técnica de patrullaje, pistas, gimnasia, desarrollo en selva, supervivencia, reconocimiento de terreno, infiltración y los sistemas de coordinación con acciones antinarcóticos, en este caso, se coordina con el Grupo Especial Móvil Antinarcóticos, que fue entrenado por asesores estadounidenses y tiene su cuartel general en Baeza, a una hora y media de Quito.
Antes del año 2000, los cursos de contrainsurgencia se dictaban en Panamá, de ahí que llamó la atención la instauración de una escuela similar en el Ecuador, justo a partir del año 2001 y coincidiendo con la expansión y diversificación, tanto de las ayudas militares estadounidenses, como de las bases y escuelas militares.
Desde el 2008, durante las investigaciones que el equipo de INREDH ha realizado en El Coca, se ha logrado detectar la presencia de soldados estadounidenses, panameños, chilenos, colombianos, hondureños y peruanos; todos ellos asisten a los cursos de tres meses y obtienen pasaportes diplomáticos para su ingreso al Ecuador. Este momento, el principal tema de análisis constituye las "amenazas terroristas" y el "narcoterrorismo", lo que evidencia que el discurso de la política militarista estadounidense está inmerso en quienes asisten a estos cursos de adiestramiento. En la jerga militar, poco a poco, se ha ido cambiando el nombre de Escuela de Selva a Escuela de Antiterrorismo, aún cuando en lo público se mantiene el nombre formal.
La existencia de esta escuela contradice los principios constitucionales, en especial el artículo 5, que dice: "El Ecuador es un territorio de paz. No se permitirá el establecimiento de bases militares extranjeras ni de instalaciones extranjeras con propósitos militares. Se prohíbe ceder bases militares nacionales a fuerzas armadas o de seguridad extranjeras"
La Escuela de Selva, los cursos de los Tigres de la Selva contradicen este principio constitucional, por lo que debe convertirse en un nuevo objetivo de lucha de las organizaciones que lograron la salida de la base militar estadounidense de Manta.