Los asesinados exigen justicia
Pablo Ruiz
Desde fines de enero del 2010 tendremos en la presidencia de Honduras a Porfirio Lobo Sosa. Su elección se realizó sin las debidas garantías para todos los ciudadanos de este país por la existencia de un gobierno de facto encabezado por Micheletti y avalado por el número uno del ejército, Romeo Vásquez, un graduado de la Escuela de las Américas.
Hasta el cierre de esta nota se calculaba que habían -desde el 28 de junio a la fecha- más de 42 personas asesinadas, 120 desaparecidas, más de 4000 detenciones arbitrarias y cerca de 130 personas llevadas a tribunales por las autoridades dictatoriales. Estas son sólo algunas de las violaciones a los derechos humanos que ha sufrido este pueblo en los últimos seis meses.
Lamentablemente, cuando comenzamos este año, el Congreso de la República de Honduras, los mismos que apoyaron a Micheletti, piensa aprobar una amnistía política que libere a los responsables del golpe y sus cómplices de futuros cargos ante la justicia por violaciones a los derechos humanos. Esto no es extraño para nosotros ya que siempre las dictaduras buscan dejar sus crímenes en la impunidad. Así también lo hizo Pinochet en Chile y cada una de las dictaduras en América Latina.
Lo que si llama la atención es que los líderes de la OEA no digan nada sobre este asunto sobre la obligatoriedad que tienen los estados partes de respetar los derechos humanos que son siempre imprescriptibles. Por lo tanto, no basta que se vaya Micheletti sino que el nuevo gobierno cumpla sus obligaciones emanadas de la Convención Americana de Derechos Humanos.
Lo que ha sucedido en Honduras es una voz de alerta, especialmente a países como Ecuador, Nicaragua, Brasil y Paraguay que por sus gobiernos progresistas son posibles objetivos de subversión de los graduados de la Escuela de las Américas. En ese sentido, recobran fuerzas los dichos del ex Presidente de Panamá, Jorge Illueca, que la Escuela de las Américas es la base militar más grande para la desestabilización de la democracia en América Latina.
Por otro lado, este año se cumplen 30 años del asesinato de Monseñor Oscar Romero. Detrás de su crimen en El Salvador, están también graduados de la Escuela de las Américas. El pecado de Romero fue proteger la vida y los derechos humanos de miles de salvadoreños que estaban siendo masacrados por los militares tal como nos contó la dirigenta Alicia Morales cuando visitamos ese país en mayo del 2009. Por eso, Alicia pidió en la Plaza Salvador del Mundo, en medio de algunas de las tantas fotos de los masacrados y desaparecidos, que El Salvador no siga enviando soldados a la Escuela de las Américas. Son miles los muertos en este pequeño país, allí están sus nombres en el Parque Cuscatlan. En Monseñor Romero rendimos un homenaje a todos ellos. Son miles los nombres de los asesinados que claman justicia y que nunca más se cometan crímenes.
Finalmente, este 2010 nuestro movimiento cumple veinte años de lucha. Hemos tenido el privilegio de contar con Roy Bourgeois como líder. Un líder insistente y porfiado que ha dedicado estas últimas dos décadas de su vida a ser la voz de los asesinados y desaparecidos.
Esta lucha ha sido compartida por miles de activistas que han abiertos sus corazones y sus conciencias frente a las injusticias promovidas por la Escuela de las Américas. Con nosotros también ya son cientos los prisioneros de conciencia que mediante su sacrificio y prisión permiten llamar la atención de la sociedad frente a este tema tan importante.
Por eso, Roy y todo nuestro movimiento SOAW son candidatos al Premio Nóbel de la Paz. Nuestra lucha es por la justicia y para que todos los seres humanos no sufran el flagelo de la tortura, de la desaparición forzada, ni de la muerte. Así luchamos por la paz.